22 septiembre, 2017

¿ESPAÑA, ESTADO DE DERECHO? - Isidro L. Miera



14/9/2017
Que Rajoy quiera imponer una Constitución espuria a las comunidades históricas del estado español, resulta algo normal en un líder formado en el respeto al franquismo, al negacionismo de la autodeterminación y a la monarquía bastarda de los Borbones.
Pero que personalidades de la política española que se dicen socialistas, tengan el descaro de colocarse delante del slogan “somos la izquierda” y se hermanen con sus socios del PP, demuestra con nitidez que el contubernio de 1978 (léase Carta Magna) fue pactado a mayor gloria de aquel genocida y criminal llamado Franco, al que aún se rinden homenajes públicos y privados, mientras se amenaza con la cárcel a quienes colocan urnas al servicio del pueblo, en un acto de pleno derecho democrático.
A tres semanas de un hipotético referéndum sobre la independencia de Catalunya, en las calles emerge una colisión frontal entre el gobierno neofascista del PP y el proyecto republicano–burgués de aquella autonomía, en la que podría darse, de celebrarse aquella consulta, un empate técnico como los habidos en Quebec (Canadá).
¿Por qué pueden votar los quebequenses o los escoceses, mientras se prohíbe hacerlo a los catalanes?
A esta pregunta, tan precisa como legítima, que un demócrata debe aceptar en su pleno significado, los intransigentes unionistas de esa España enfangada en el franquismo, suelen responder:
– Porque…mmm…
– ¿Porque qué?- contestaríamos yo o usted.
– ¡Porque Catalunya es España!
– Pero ¿por qué no conocer lo que piensan sus habitantes? – sugiero
– Porque es ilegal e inconstitucional
– Dirá usted que es inconstitucional y por tanto ilegal, pero no ilegítimo
– Me da lo mismo
– ¿Y por qué se dice en esa Carta que “España es indivisible”? ¿Acaso esa norma no es antidemocrática, porque veta un derecho inalienable a las naciones del estado español?
– La Constitución es sagrada
Y se acabó la discusión. Lo sarcástico radica en que hay dos gobiernos neoliberales enfrentados en lo político, pero manteniendo idénticos planteamientos económicos.



El desafío catalán al gobierno central se está gestando desde hace siete años, cuando el Tribunal Constitucional validó la protesta de los neofranquistas respecto a que Catalunya fuera descrita como “nación”, suprimiendo ese término del preámbulo del Estatuto.
La reacción del pueblo catalán fue inmediata: el independentismo creció del 20 al 49% en solo un año. La Diada supuso desde entonces el mayor acto de afirmación nacionalista, gracias a socialistas y derechistas.
En Madrid, en los círculos políticos y medios de comunicación –y no hablemos de las redes sociales– se desató una campaña sucia y manipuladora contra la “escoria catalana”.
Las amenazas y los insultos se convirtieron en únicos argumentos de muchos “intelectuales” de la izquierda viscosa y de la derecha castrada intelectualmente, llamando a los catalanes separatistas, locos, fanáticos, sectarios, hitlerianos o criminales.
En las citas que he recogido de algunas intervenciones de Mariano Rajoy sobre el tema, me encuentro con expresiones de telenovela barata: “delirio, agresión, bravuconería, deriva dictatorial, golpe de estado...” pero raras veces llamadas al cambio de la constitución o al diálogo, tal y como hizo cuando cargaba y aún ataca al gobierno venezolano, animando a los miembros más destacados del fascismo opositor, convertidos en terroristas responsables de más de cien muertos.
Una actitud coherente en un personaje como Rajoy, lógica en un partido como el PP o en sus socios del PSOE, que el pueblo “españolista” aplaude a rabiar ante el órdago soberanista, mientras quienes aún creen en esta seudo-democracia contemplan impotentes cómo se celebran homenajes a la memoria de un criminal de guerra y se condena la utilización de las urnas.
Rajoy y sus compadres del PSOE pueden invocar las leyes y el repugnante e ilegítimo artículo 2 de la Carta Magna (“la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”) o recordando que la independencia de Catalunya no tiene apoyo internacional.
Ni siquiera el Reino Unido, ni la misma Escocia, que en su día defendieron el derecho de esa nación al referendo de autodeterminación, esta vez optaron por mostrar cierta cautela, negándose a emitir un comunicado favorable o contrario a la consulta catalana.
La “dolça Catalunya” solo cuenta con la solidaridad de algunos círculos culturales e intelectuales en Europa y Latinoamérica.
En Madrid arrecia el ciclón judicial, mediático, político e incluso físico contra Catalunya. Hablamos de intimidación contra los Mossos, contra los alcaldes de los municipios que se ponen al servicio de “su propia legalidad” y contra las escuelas, colegios y centros que desean cooperar con la organización del referéndum, mientras la Guardia Civil registra sedes de revistas para requisar las papeletas de la votación.
Ante este huracán de amenazas, las autoridades catalanas han decidido, abierta y solidariamente, asumir su desobediencia al régimen español. Y el pueblo seguirá su ejemplo.
El conflicto se agrava y ya se pide el encarcelamiento de los “que quieren romper España”. La responsabilidad de lo que pueda ocurrir solo será culpa de la brutalidad de un estado “democrático”, que ha cometido el delito de impedir a millones de ciudadanos que depositen una papeleta en una urna.
Hoy, yo que soy madrileño, me siento más catalán que nunca. Que tingueu sort…



Hay amores que matan

19 septiembre, 2017

Separatismo neoliberal, el caso catalán.



Natalie Sabanadze en su libro Globalization and Nationalism: The Cases of Georgia and the Basque Country, a diferencia de la explicación convencional que argumenta que se trata de posiciones opuestas y enfrentadas, plantea que, en la actualidad, globalización y el nacionalismo tienden a convertirse en fuerzas aliadas.

Reconoce que el nacionalismo reacciona contra la creciente globalización y representa una forma de resistencia a las influencias globalizadoras, pero al estudiar casos concretos como los casos de Georgia y el País Vasco se topa con una aparente paradoja. Tanto en el caso de Georgia como en el País Vasco, hay poca evidencia que sugiera la existencia de fuerte oposición nacionalista políticamente organizada a la globalización sino más bien al contrario, son los nacionalistas los que se muestran de lo más encandilados con la globalización. Se trata de nacionalismos pro-globalización, lo cual la lleva a concluir que la globalización y el nacionalismo son fuerzas complementarias y no contradictorias.

El error de Sabanadze está en que aunque observa el funcionamiento de dos tipos de nacionalismo, uno anti-globalización y otro pro-globalización, no es capaz de resolver la aparente paradoja puesto que no profundiza en el análisis de la funcionalidad del segundo tipo.

De hecho el enfoque de Sabanadze queda velado porque no analiza a fondo el mecanismo de la globalización capitalista.

El capitalismo necesita de los estados-nación, un preciso marco jurídico institucional para desarrollarse que proteja estrictamente sus derechos de propiedad y regule sus mercados. Pero este marco puede volverse en su contra en tanto en cuanto el poder del Estado caiga en manos inadecuadas.

Un estado democrático, en el que pueden votar el 99% de los perdedores de la globalización monopolista, es peligroso para las multinacionales, tanto más cuanto mayor sea este estado. Varios estados-nación pueden firmar acuerdos de armonización de políticas financieras, industriales, fiscales, medioambientales, sanitarias, sociales, laborales, etc. que atenten a sus intereses.

Para blindar los intereses del 1%, una legión de economistas (Friedrick von Hayek, Milton Friedman, Stephen Gills, James Buchanan, Barry Weingast, etc) se han dedicado desde hace décadas a diseñar estrategias para neutralizar la democracia subordinando el orden político al orden económico neoliberal.

Los globalizadores diseñan diversos tipos de estrategias para disciplinar a los Estados y vaciarlos de gobernanza económica.

La monopolización y la “libre” movilidad internacional de los capitales (a través de los mercados financieros liberalizados y el libre comercio) potencian el efecto disciplinario sobre las democracias, y por tanto constituyen el elemento clave de la globalización neoliberal. La movilidad del capital obliga a los estados a practicar el dumping democrático para competir por el capital monopolista transnacional, proporcionando el tipo de políticas neoliberales que los inversores y las empresas multinacionales demandan.

Estrategias globalizadoras por arriba: Organismos y tratados internacionales

Para asegurar el sometimiento de los Estados y la movilidad internacional de los capitales se han creado por arriba mecanismos supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional (la liberalización del mercado de capitales es una condición para ser miembro), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN, NAFTA), El Acta Única Europea, etc., todos ellos con cláusulas específicas que aseguran la libre movilidad de la inversión directa transnacional.

Otros ejemplos de mecanismos de bloqueo frente a la intervención de los Estados son las disposiciones sobre derechos de propiedad intelectual de los inversionistas contenidos en diversos acuerdos comerciales. El Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual (ADPIC) de la OMC y el Capítulo 11 del TLCAN relacionados con el Comercio son sólo dos ejemplos en los que figuran disposiciones para sentar a los Estados en el banquillo en los casos en que las empresas multinacionales consideren que las políticas gubernamentales han infringido sus derechos. El TPP y el TTIP en ciernes abundarían exponencialmente en esta línea.

Estrategias globalizadoras por abajo: Federalismo y nacionalismo neoliberal

El neoliberalismo está perfeccionando dos estrategias diseñadas por abajo para neutralizar la capacidad de intervención de los gobiernos en la economía y su posible reacción anti-globalización. Se trata del federalismo neoliberal y del separatismo neoliberal.

Federalismo neoliberal, el manual de USAID

Adam Hanieh: “El neoliberalismo promueve la descentralización para dislocar la resistencia que puedan ofrecer los Estados bajo la presión de sus ciudadanos.”

USAID (la agencia más importante en la promoción del neoliberalismo a nivel mundial) tiene editado un manual titulado Decentralization and Democratic Local Governance Programming (mayo de 2000), que sirve como una receta detallada para promover la descentralización en una variedad de diferentes contextos nacionales donde puede haber resistencia a las reformas neoliberales.

Un tema central de este manual es el desplazamiento de la responsabilidad de la prestación de los servicios públicos desde el Estado hacia los gobiernos locales. El manual prevé una situación en la que: "Los gobiernos locales deben hacer algo más que simplemente limpiar las calles; deben asumir una variedad de responsabilidades de servicios no tradicionales, tales como asegurar la atención primaria de la salud, la educación básica, la seguridad pública, los servicios públicos, la protección del medio ambiente, y la regulación de construcción ".

Con el fin de proporcionar estos servicios, los gobiernos locales se verán obligados a aumentar sus ingresos propios, y entrar en competencia para establecer tasas, privatizar, y pedir dinero prestado en los mercados internacionales de capital. "Pueden emplear enfoques nuevos o innovadores, incluidas las asociaciones público-privadas, la participación proactiva en programas de desarrollo con el gobierno nacional o los donantes, y la subcontratación de los servicios".

"Construir capacidades administrativas subnacionales para desarrollar transparentes y responsables presupuestos sometidos a la ley de la eficacia y llevar a cabo el desarrollo económico local.... y fortalecer la capacidad de las autoridades locales para participar en los debates sobre la apropiada devolución de la responsabilidad a los niveles locales de gobierno".

Para asegurar la disciplina de mercado en el contexto de un país, se potencia un tipo de federalismo donde los gobiernos sub-nacionales compiten entre sí para atraer a los capitales en el contexto de una economía nacional.
Hayek sostiene que "el resultado ideal sería la transformación de los gobiernos locales e incluso regionales en corporaciones cuasi comerciales compitiendo entre sí para atraer a los inversionistas”.

La movilidad del capital crea una especie de “mercado” de políticas gubernamentales en el que las firmas demandan localizarse en aquellas jurisdicciones que les ofrezcan el más favorable mix de impuestos y servicios.

Los estados federados (o las autonomías como en el caso español), por su parte, detentarán una primaria responsabilidad regulatoria sobre la economía (fiscal, social, laboral, sanitaria, medio ambiente, etc) de forma que deberán flexibilizar sus jurisdicciones políticas para competir entre sí, en una carrera hacia el fondo, en orden a atraer al esquivo y caprichoso capital.

También se promueve la autonomía y la competencia entre sí de las "comunidades locales” tanto en lo que respecta a políticas pro-globalización como en tanto que mecanismo de compensación de las deficiencias del mercado. Esta es otra área en la que las ciudades o regiones urbanas adquieren importancia en el proyecto neoliberal, ya que son los principales sitios de la iniciativa ciudadana, y donde se acumulan las tensiones económicas y sociales resultado de los proyectos neoliberales.

Separatismo neoliberal

Pero si el federalismo no basta, una opción neoliberal más ambiciosa es la promoción del separatismo. Las grandes entidades estatales (Francia, Inglaterra, España, Italia, Alemania, etc.) representan un peligro frente al avance de la globalización puesto que son susceptibles de desviación por la senda del nacionalismo económico frente a la crisis multipolar monopolista neoliberal. Mejor que estados federados o comunidades autónomas, por qué no pequeños estados independientes compitiendo a muerte entre sí para atraer las inversiones del escurridizo y caprichoso capital monopolista. El tigre escocés, el tigre gaélico, el tigre catalán, el tigre piamontés, etc. dispuestos a arrancar la piel a tiras a cualquiera que ose enfrentarse a la globalización monopolista neoliberal.

Los ensayos precedentes tuvieron lugar en Europa del Este con la desmembración de la URSS y el despedazamiento de Yugoslavia y Checoslovaquia. Todos los nuevos estados independientes entraron a competir entre sí privatizando sus activos estatales y reventando sus legislaciones laborales y sociales para atraer inversiones, pensando que la globalización neoliberal iba a mejorar sus vidas. Hoy el fracaso más absoluto de este sueño es evidente y se está produciendo una reacción nacionalista anti-globalización en muchos de ellos (Hungría, Eslovaquia, Serbia, Polonia, Chequia, etc.)

El separatismo neoliberal catalanista (catalexit)

El caso más paradigmático y ejemplarizante del separatismo promovido por el capital globalizado es el del separatismo catalán del siglo XXI. Las clases pudientes catalanas han visto la posibilidad de enriquecerse a escala global separando a la región autónoma del resto de España. Desde buen principio cuentan con reintegrar rápidamente al nuevo estado independiente en los organismos, mecanismos y foros internacionales del capitalismo globalizado.

El mecanismo para el catalexit es del más puro diseño neoliberal. Se aprovecha una primera fase “autonómica” en la que la díscola comunidad autónoma catalana aprovecha todos los mecanismos y recursos descentralizados (gobierno y parlamento autonómico, legislación autonómica, activos y empresas públicas cedidas, impuestos cedidos, prensa, radio y televisión pública autonómica, policía, etc.) para preparar meticulosamente la secesión.

La experiencia de otras intentonas “revolucionarias” “pintorescas”, promocionadas, apoyadas y a menudo, financiadas directamente por el capital monopolista globalizado (Soros, y compañía), aconseja la intervención de “izquierdistas” desencantados (CUP y tránsfugas de otros partidos de izquierda) como fuerza de choque de la deriva secesionista.

Convirtieron las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015 en supuestamente “plebiscitarias”, coaligando todas las fuerzas soberanistas en una candidatura única denominada “Junts pel si” pero que al final, a pesar una campaña mentirosa digna de Goebbels, solo consiguió el 48% de los votos gracias a la participación masiva de la población. Sin embargo, los separatistas, gracias a una ley electoral hecha a su medida, ganaron más escaños y finalmente formaron gobierno gracias al apoyo de la CUP. A partir de entonces toda la maquinaria autonómica se reajustó para preparar la secesión. La machacona campaña de 2015 se amplificó durante los dos años siguientes.

El cúmulo de repetidas mentiras sin paliativos parece haber afectado más a las propias cabezas dirigentes que al conjunto de la población, de forma que empezaron a poner fechas concretas al proceso de secesión, una estrategia rígida e inflexible sin otra salida que el victimismo ante la previsible reacción del estado español.

Consecuencias económicas del catalexit

Dada la alta especialización de Cataluña en la venta de productos al resto de España, se estima que en el escenario medio el catalexit significaría una caída del 44% del comercio bilateral. Así, el PIB catalán caería un 14% y el desempleo aumentaría un 16%.

El Reino Unido ocupa la 9ª posición en el ranking mundial de competitividad, España ocupa el puesto 35º. Por regiones Londres ocupa el tercer lugar en el ranking de competitividad de las regiones europeas. Cataluña el 142 (más competitiva es la Comunidad de Madrid, que ocupa la 57ª posición).

Caso de que la secesión triunfara (sin violencia), la expulsión inmediata de la UE implicaría ponerse a la cola de la readmisión con la amenaza segura del veto español. En esta larga transición se produciría la salida de la Unión Monetaria Europea y del Mecanismo Único de Supervisión financiera. Para Cataluña, el euro se convertiría en una moneda extranjera cuya utilización, caso de adoptarlo como moneda, podría encarecer sus exportaciones y mermar peligrosamente su competitividad. Fuera de la Unión Monetaria quedaría desvinculada del BCE con lo que las entidades financieras con domicilio en territorio catalán perderían el acceso a sus baratas líneas de financiación. También se esfumarían las subvenciones europeas al quedar excluida de los fondos estructurales (El Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), El Fondo Social Europeo (FSE), El Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) y el Fondo Europeo de Marítimo y de Pesca (FEMP). La inseguridad llevaría a la prima de riesgo a niveles inasumibles, al dejar de contar con la red de protección del Estado español y la hacienda de la nueva república se hundiría irremisiblemente.

Fuera de Europa y de España las exportaciones a estas zonas quedan sometidas a aranceles, ya que dejaría de beneficiarse de las ventajas de pertenecer a una zona económica con libre circulación de mercancías. El pago de esos sobrecostes haría mucho menos competitivas las exportaciones catalanas.

El "proceso" separatista, de llegar a materializarse, reduciría los derechos, el bienestar y el futuro de la mayoría de los catalanes a cenizas. El impacto económico, incluso excluyendo las terribles consecuencias de una más que posible deriva violenta propia de los procesos secesionistas (no parece que los españoles vayan a dejarlos marchar de rositas), sería enorme y devastador.

De ahí la tergiversación, mentira y manipulación sistemática de la información (amplificada por la labor de los medios de comunicación públicos en sus manos: TV3, Radio, prensa comarcal, etc.) a que se ven obligados los dirigentes separatistas para esconder la realidad de las consecuencias sobre la mayoría de la población.

Sin embargo, para los intereses globales del neoliberalismo monopolista, el desastre para la mayoría de la población catalana sería, como suele ocurrir muy a menudo, simple efecto colateral (como en el caso de Ucrania y el de otras muchas “revoluciones pintorescas”).

Para el capital globalizado, la aparición de la nueva república catalana significaría el fin de una siempre latente amenaza para sus intereses de una deriva populista, izquierdista, o simplemente de nacionalismo económico (como el caso inglés o francés) de la nación española que podría arrastrar a otras grandes naciones de Europa. Los independentistas esperan alcanzar un puesto privilegiado en el escalafón de la globalización neoliberal erigiéndose en firmes baluartes de la globalización contribuyendo a doblegar la resistencia española.

No es extraño que el Wall Street Journal de Rupert Murdoch, el Washington Post, propiedad de Jeffry Bezos de Amazon o el Financial Times aplaudan con fervor las pintorescas asonadas de la cada vez más atronadora furia catalanista.

Catelexit, un proceso Win Win para el capitalismo neoliberal

Para el capital monopolista neoliberal, la estrategia secesionista en Europa, y en concreto en España, está resultando beneficiosa en todos los sentidos. La amenaza separatista en España, aunque pueda resultar fallida, está favoreciendo la recuperación de la corrupta y asocial clase política neoliberal (PP – PSOE) en detrimento de la izquierda que, incapaz de entender el carácter neoliberal del nuevo separatismo del siglo XXI, está suministrando fuerza de choque al “procés” o defendiéndolo con más o menos matices, con lo que está perdiendo a manos llenas su antigua base electoral.

“Tenemos que cerrar las oficinas de esta organización nazi" - Atenas

18 septiembre, 2017

SECTORES Y SOBERANÍAS - Loam

Hoy, el campo de concentración no está necesariamente cercado por alambradas, que también. Su existencia está a resguardo, velada por la incredulidad y la ceguera inducida de quienes moran y trabajan en él.

Dispersas por este ubicuo presidio imperial, existen zonas soberanas, tal vez las únicas realmente soberanas, en el sentido nacionalista del término. En ellas residen los dirigentes del campo, es decir, los amos del capital. Zonas de imposible acceso para una mayoría que ni sabe, ni tan siquiera concibe su existencia y que cree firmemente que en la cúspide de la pirámide jerárquica se encuentra su reyezuelo, su presidente, sus jueces, su policía, su sacerdote, sus ejércitos, unidos bajo su bandera, en su patria.
“La realidad entendida como una amenaza permanente infantiliza al sujeto, reducido a la pasiva impotencia que le deniega toda reacción ante el sistema. En consecuencia, el sujeto pierde su capacidad reactiva y se adhiere a la realidad propuesta, en un proceso de autosugestión en el que el sistema de sojuzgamiento deviene fuente de fascinación.”(1)
Cuando se habla de independencia y de soberanía habría que pensar, entre otras cosas, en esas vastas propiedades privadas fuertemente protegidas, en esas lujosas mansiones, en esas blindadas e inaccesibles urbanizaciones de lujo, en esas exclusivas zonas residenciales, aisladas y custodiadas cual si de un país se tratara. ¿No son esas las auténticas y soberanas autonomías, las de la opulenta y poderosa élite de saqueadores propietarios? En torno a ellas todo es servidumbre. Presidio. Pero han conseguido que los reclusos agiten con renovado entusiasmo la bandera de sus carceleros.
“La forma perfecta de control social es hacernos creer que ese control es omnipotente y todopoderoso. Este es el más grave error que podemos cometer, creer que todo está irreversiblemente bajo control, interiorizar y creernos que el estado de cosas actual es inamovible y que es imposible cambiarlo. Si nuestra cabeza adopta esta postura, seremos nosotros/as el método más eficaz para controlar nuestros pensamientos y acciones, convirtiéndonos cada uno/a de nosotros/as en un inmejorable mecanismo de autocontrol. Este sería el mayor favor que podríamos hacerle al sistema, la forma más barata, transparente y eficaz de control social. (No hay nada más ordenado que un cementerio)”(2)

Notas
1. "Anonadamiento y formación de conciencias. Las nuevas tecnologías como herramienta de colonización del sujeto" Antonio Fernández Vicente 

2 Malatxa “Euskal Herriaren desmilitarizazioa Helburu duen Kolektiboa (Kontrol Sozialaren autobabeserako guida liburu praktikoa)”

12 septiembre, 2017

Ni Estado, ni nación – Capi Vidal



La realidad en España se alimenta de una mera enfrentación entre dos realidades nacionalistas: la una, con una estructura de dominación consolidada, que apela a la ley para mantener su unidad e imaginario; la otra, se llena la boca de democracia y "derecho a decidir" para encubrir, de una forma u otra, el deseo de construir su propia estructura autoritaria y valores simbólicos e identitatarios: el Estado-nación.

Los que, supuestamente, quieren profundizar en la democracia se llenan la boca de “independencia”, algo que indiscutiblemente vinculan con la idea de una nación “libre”, que a su vez asocian con un pueblo que se autodetermina, y a la vez con un Estado “independiente”. Esto último, que tal vez no asuma todo el mundo a favor de la “independencia”, parece sin embargo un hecho. Nación y nacionalismo están vinculados, de forma necesaria en mi opinión, a la formación de un Estado. Ya hace tiempo que el bueno de Rudolf Rocker nos dijo que todo nacionalismo, no olvidemos que originado en una idea romántica, la de la exaltación de los valores e intereses de la nación por encima de los individuos, es reaccionario. Dicho esto, con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, sería bueno reflexionar sobre el asunto, sobre la complejidad del término y la concepción diferente que se le pueda dar, en aras precisamente de ideas auténticamente emancipadoras. Toda idea de nación, la que tiene un Estado o la que aspira a tenerlo, como instancia transcendente e ideal casi mítico, tiene a sus espaldas toda una historia de un modo más o menos teleológico. Es decir, el proceso histórico se observa de modo lineal, como un proyecto en el que se lucha para conseguir un fin deseado, el de la ansiada nación libre e independiente, con unos valores dignos de elogio. No es difícil observar aquí un credo religioso en el nacionalismo, en el que la nación como instancia trascendente toma rasgos cuasidivinos. Tomás Ibáñez, esforzado en combatir toda forma absolutista, nos recuerda que la nación no contiene rasgos esencialistas, ni es intemporal, ni algo natural, sino algo muy humano construido por el afán de conquista y dominio, producto de innumerables acuerdos y alianzas por parte de aquellos con voluntad de poder. Recomendaremos aquí la imprescindible obra Rocker, Nacionalismo y cultura, con una visión lejos también de cualquier idealismo romántico sobre la nación e igualmente esforzada en recordarnos que la “voluntad de poder” ha sido un importante motor histórico al igual que la lucha de clases o, de modo más general, las condiciones materiales. Lo dice un libertario, con una visión amplia de la historia y de las sociedades creadas por los seres humanos.

Efectivamente, las naciones son dispositivos de poder, estructuras de dominación con afán de homogeneizar. Todo lo contrario de la sociedad libertaria, que apuesta por la diversidad y la singularidad, la heterogeneidad. Las celebraciones nacionales, sean el 12 de octubre, la Diada o el 14 de julio, no son más que demostraciones de fuerza y unidad, multitudes paseando una misma bandera en ofrenda a sus mitos nacionales específicos. Recordemos que el ácrata Brassens comenzaba su “La mauvaise réputation” con el Día Nacional de Francia, que no le estimulaba nada de nada y vinculaba, necesariamente, con lo militar. La nación es, en definitiva, una instancia abstracta y trascendente que unifica y homogeneiza, además de asegurar consecuentemente una estructura de dominación en base a determinadas conquistas históricas. Como afirma Ibáñez, si aceptamos la existencia política de una nación, consciente o inconscientemente legitimamos toda la historia sangrienta de enfrentamientos por el poder que se encuentra detrás. No es casualidad que todo estructura de dominación se esfuerce en construir una serie de mitos en la historia, que alimenten ese amor por la nación de las personas con los que alimentar su imaginario social y político (algo muy humano, nada trascendente, producto de deseos y aspiraciones), ya que la autoridad coercitiva sin más no resulta suficiente a estas alturas. No está tampoco de más señalar, aunque las comparaciones que se hacen a veces del nacionalismo con el nazismo (eso sí, una exacerbación nacionalista) sean excesivas, que sí es cierto que la concepción de “raza”, hasta extremos racistas y discriminatarios, ha formado parte histórica de la construcción nacional, aunque ahora no se aluda abiertamente a ello. Lo importante es dejar claro que la idea de nación es algo social e históricamente construido y que su existencia solo tiene sentido si se mantienen y perpetúan las prácticas que la sustentan. No es raro que los dirigentes que aspiran a una nación “libre” exijan detentar la educación y los medios en diferentes ámbitos, precisamente para asegurar que se produzcan el conjunto de operaciones simbólicas, que fomentan el sentimiento nacional. La nación es por lo tanto algo artificialmente construido, de manera muy esforzada por una estructura de dominación, mediante el nacionalismo en caso extremo, y por supuesto contingente; ni trascendente, ni intemporal, ni algo natural.

Por lo tanto, el nacionalismo es un sentimiento, estamos de acuerdo, que mucha gente identifica con el amor a una comunidad, una tierra o un pueblo. Sin embargo, desde un punto de vista libertario, ese sentimiento no puede confundirse con la estrechez de miras que supone las limitaciones culturales (y la identidad nacional, desde mi punto de vista, lo es) ni con la subordinación a una abstracción que legitima y sustenta una estructura autoritaria. Por muy sentimental que sea, el nacionalismo es algo artificialmente creado mientras que la sociedad libertaria propugna, por supuesto desde un amor a lo local, una solidaridad que trasciende las fronteras. Algunos autores han señalado que el nacionalismo tiene al menos dos fases: una legitimada en la que lucha contra un Estado opresor y otra, ya en fase de liberación, en la que construye sus propias instituciones de dominación. Es obvio que los anarquistas, aunque pueden ayudar circunstancialmente a una comunidad a combatir la dominación de un Estado, rechazan simplemente sustituir una estructura autoritaria por otra con la falacia de construir una nación libre. Por eso, como dice Ibáñez, en el cansino y repetitivo enfrentamiento entre un Estado opresor y otro oprimido, el español y el catalán, los antiautoritarios deberíamos tener claro que se trata de dos realidades artificialmente construidas por parte de ciertos dispositivos de dominación, que nada tienen que ver con la deseada sociedad libertaria.

El frente nacionalista catalán es, eso sí, heterogéneo, existen diferentes sensibilidades. Es así hasta el punto de que algunos sectores de la Cup se han etiquetado por parte de algunos medios como "nuevos anarquistas". Sin ningún ánimo de expedir carnés libertarios, para mí es un despropósito. Hacer frente común con fuerzas conservadoras con el objetivo de una Cataluña independiente no es que sea la habitual contradicción entre medios y fines, es que en este caso ni unos ni otros son libertarios. Por muy sinceros que sean algunos en la búsqueda de la independencia, e incluso aunque crean que la misma no conduce necesariamente a la creación de un Estado, están haciendo el juego a una causa nacionalista. La lucha por la independencia de Cataluña, se observe como se observe, se realiza dentro de un juego en el que el criterio político es, necesariamente, la creación de un Estado. Si buscas la independencia de un territorio, algo que considero ajeno al anarquismo, estás poniendo la base para la creación de una determinada estructura política. Otro asunto es que cuestiones, radicalmente, la configuración de esa estructura, algo que no se realiza en esa simple confrontación entre dos realidades nacionalistas, que tiene como objetivo la creación del Estado-nación. ¿Qué ocurre con el manido "derecho a decidir"? Suscribo ahora a Octavio Alberola cuando afirma que, de acuerdo, derecho a decidir pero en todo, no solo cuando le conviene a la clase dirigente para sustentar una estructura de dominio y explotación. Esa lucha por el derecho a decidir debe producirse en un escenario amplio en el que se ponga en cuestión toda forma de dominación y explotación, nada que ver con el nacionalismo. La independencia de Cataluña, si es que se consigue finalmente, incluso en la forma de república, puede legitimar aún más ese escenario autoritario. La lucha libertaria se produce en un campo muy diferente, con la aspiración a un mundo sin fronteras.


Quién crees que va ha pagar los estragos... ¿eh?




"Mientras la clase media siga imponiéndonos su ideología nacionalista y reformista, supeditada a las necesidades del capital, no habrá lucha auténtica contra la dictadura austericida del capitalismo nacional y europeo, y la clase trabajadora pagará los estragos, sea en España o en Catalunya"

http://kaosenlared.net/catalunya-27-s-el-independentismo-hoy-y-el-espanolismo-contra-la-clase-trabajadora/

Premonitorio mensaje de Frank Zappa








09 septiembre, 2017

Nosotros defendemos proyectos de vida, ellos imponen proyectos de muerte



Javier Hernández Alpízar 8/9/2017 Zapateando CIG CNI EZLN

¿Sabían que el primer estado de la república en el cual se despenalizó el aborto fue Chiapas (1990)?

No fue una medida progresista ni obedeció a una presión de sectores progres de la sociedad coleta (que no existen), sino una medida de “eugenesia” o de control poblacional forzado; esterilizaciones forzadas de mujeres indígenas en varios estados de la república han sido denunciadas desde hace muchos años, e incluso medidas de control natal forzado contra mujeres indígenas o no, de diversas condiciones sociales, forzadas a usar DIU u otro método de contracepción. Práctica que forma parte de una sistemática violencia obstétrica, como la imposición de las operaciones cesáreas como modo de “industrialización” de los partos, una de cuyas consecuencias es disminuir el número de embarazos.

Por eso las indígenas zapatistas han dicho que su lucha es por evitar abortos indeseados, por lograr tener a sus hijas e hijos sanos, por la continuidad de la vida y la comunidad indígena.

Al revés de la vieja consigna de “gobernar es poblar”, ahora es justo lo contrario, despoblar, disminuir la cantidad de mexicanos y sobre todo de indígenas y de pobres (ya ven que la familia Peña es numerosa y eso no le escandaliza a Chayo Robles).

La población disminuye por emigración a Estados Unidos, por muertes y desapariciones en la guerra “contra las drogas”, por el desmantelamiento del sistema de salud y la proliferación de enfermedades como la diabetes, etc., por “desastres naturales” que son más bien socioambientales y afectan más a los más pobres.

Las medidas “eugenésicas” y fascistas que le habrían recomendado a Velasco sus fachos asesores, según reportaje de Proceso, se inscriben en este racismo histórico no exclusivo de los coletos de Sancris o de la casta divina yucateca, sino un racismo y clasismo y misoginia que tienen podrido al país (basta ver el racismo, clasismo y misoginia en la TV y cine mexicanos).

Contra esos cacicazgos del priismo metapartidario se han organizado los indígenas desde tiempos inmemoriales, entre ellos las comunidades zapatistas y sus JBG, así como otras organizaciones indígenas en todo el país.

Parte de la tormenta que han anunciado los zapatistas es el agudizamiento de esas políticas de guerra de exterminio del capital contra los de abajo.

Y contra todo eso va la propuesta del CIG, con los concejales del CNI y su vocera Marichuy, apoyados por el EZLN, la Sexta la Escuelita Zapatista y por simpatizantes y militantes de hace pocos y de hace muchos años.

Esta lucha es contra el despojo, el desprecio, la explotación y la represión; es por un proyecto de vida y contra los proyectos de muerte del capital (como el TLC o los extractivismos, minero, petrolero y demás) y de su clase político empresarial metapartidaria.

Nosotros defendemos proyectos de vida y ellos imponen proyectos de muerte.


05 septiembre, 2017

Esto es lo que los medios de comunicación no dicen sobre las pruebas de misiles de Corea del Norte - Mike Whitney


El lunes pasado, la RPDC lanzó un misil balístico de alcance intermedio ‘Hwasong-12’ que sobrevoló la isla japonesa de Hokkaido. El misil aterrizó en las aguas más allá de la isla, sin perjudicar ni a las personas ni a las propiedades.
De inmediato, los medios de comunicación condenaron la prueba como un "acto atrevido y provocativo" que mostró el desafío de Corea del Norte a las resoluciones de la ONU y el "desprecio por sus vecinos". El Presidente Trump criticó severamente la prueba de misiles diciendo:
"Las acciones amenazantes y desestabilizadoras sólo aumentan el aislamiento del régimen norcoreano en la región y entre todas las naciones del mundo. Todas las opciones están sobre la mesa. "
Lo que los medios de comunicación no mencionaron fue que, durante las últimas tres semanas, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos han estado conjuntamente involucrados en ejercicios militares a gran escala en la isla de Hokkaido y en Corea del Sur. Estos innecesarios y desafiantes juegos de guerra, innecesariamente provocativos, están diseñados para simular una invasión de Corea del Norte y una operación de "decapitación" para eliminar (léase: liquidar) al régimen. El líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha pedido repetidamente a Estados Unidos que ponga fin a estos ejercicios militares, pero los Estados Unidos se han negado obstinadamente. Estados Unidos se reserva el derecho de amenazar a cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, incluso ante su propia puerta. Es parte de lo que hace a Estados Unidos excepcional. Echa un vistazo a este extracto de un artículo en Fox News:
"Más de 3.500 soldados estadounidenses y japoneses iniciaron el jueves un ejercicio militar conjunto de una semana contra el telón de fondo del cada vez más beligerante régimen norcoreano. El ejercicio, conocido como ‘Northern Viper 17’, tendrá lugar en Hokkaido, la isla principal más septentrional de Japón, y durará hasta el 28 de agosto.”
"Estamos mejorando nuestra preparación no sólo en el aire, sino como un equipo de apoyo logístico", dijo en un comunicado el coronel R. Scott Jobe, 35avo Comandante del Ala de Combate. "Estamos en un lugar idóneo para propósitos de contingencia y este ejercicio sólo se basa en nuestra disponibilidad en el caso de que ocurra un escenario real" (EE.UU., las tropas japonesas comienzan un ejercicio militar conjunto en medio de la amenaza de Corea del Norte), Fox News.
La prueba del misil norcoreano del lunes (que voló sobre la isla de Hokkaido) se llevó a cabo apenas horas después de que los “juegos de guerra terminaran”. El mensaje era claro: el Norte no va a ser humillado y abofeteado públicamente sin responder. En lugar de mostrar debilidad, el Norte demostró que estaba preparado para defenderse de la agresión extranjera. En otras palabras, la prueba NO era un "acto atrevido y provocativo" (como decían los medios de comunicación), sino una respuesta modesta y bien pensada de un país que ha experimentado 64 años de arduas represalias y sanciones. El Norte respondió porque las incitaciones de Washington requerían una respuesta. Fin de la historia.
Y lo mismo ocurre con los tres misiles balísticos de corto alcance que el Norte probó la semana pasada. Estas pruebas fueron una respuesta a los ejercicios militares conjuntos de tres semanas en Corea del Sur que involucraron a 75.000 soldados de combate acompañados de cientos de tanques, vehículos blindados, buques de desembarco, artillería pesada, una flotilla naval completa, aviones de combate, escuadrones de élite y bombarderos estratégicos. ¿Se suponía que el Norte debería permanecer de brazos cruzados mientras esta brutal y amenazante exhibición de fuerza militar se realizaba justo bajo sus narices?
Por supuesto que no. Imagínese si Rusia participara en una operación similar en la frontera de México mientras la flota rusa realizara simulacros de "fuego real" a tres millas de la Bahía de San Francisco. ¿Cuál crees que sería la reacción de Trump?
Él hundiría esos barcos más rápidamente de lo que tardas en decir "¡WTF!", ¿no es cierto?
¿Por qué este doble rasero cuando se trata de Corea del Norte? Lo que es válido para unos debe ser válido para todos.

Corea del Norte debe ser aplaudida por mostrar que no se dejará intimidar por el matón de la escuela. Kim sabe que cualquier confrontación con Estados Unidos terminará mal para su país, aún así, no se ha desmoronado ni se ha dejado empujar por los fanfarrones fanáticos de la Casa Blanca. ¡Bien por Kim!
Por cierto, la respuesta de Trump a la prueba de misiles del lunes fue apenas cubierta en los medios de comunicación, y por buenas razones. Esto es lo que ocurrió dos días después:
El miércoles, un grupo de aviones de combate F-35B, F-15 y bombarderos B-1B liderados por Estados Unidos llevaron a cabo operaciones militares en una zona de entrenamiento al este de Seúl. Los B-1B, que son bombarderos nucleares de baja altitud, dejaron caer sus bombas ficticias en el sitio y luego regresaron a su base. La manifestación de fuerza tenía la intención de enviar un mensaje a Pyongyang de que Washington está descontento con el proyecto de pruebas de misiles balísticos del Norte y está preparado para usar armas nucleares contra el Norte si no escucha los diktats de Washington.
¿Así que Washington está preparado para bombardear el Norte si no se enderezan y hacen lo que se les dice?
Seguramente así parece, pero ¿quién lo sabe realmente? En cualquier caso, Kim no tiene más remedio que mantenerse firme. Si muestra alguna señal de debilidad, sabe que va a terminar como Saddam y Gaddafi. Y eso es, sin duda, lo que está impulsando la retórica hiperbólica: Corea del Norte quiere evitar el escenario de Gadafi a toda costa. (BTW, la razón de que Kim haya amenazado con disparar misiles en las aguas que rodean Guam es porque en Guam está emplazada la ‘Base de la Fuerza Aérea de Anderson’ que es el punto de origen de los bombarderos con capacidad nuclear B-1B que han estado realizando vuelos amenazantes sobre la Península Coreana desde hace algún tiempo, y el Norte siente que tiene que responder a esa amenaza existencial.
¿No ayudaría que los medios de comunicación mencionaran ese hecho o es mejor que sirvan a su agenda para que parezca que Kim está ladrando como loco atacando a los "totalmente inocentes" Estados Unidos, un país que sólo busca preservar la paz donde quiera que esté va?
¡Dadme un respiro!
Es tan difícil encontrar algo en los medios de comunicación que refleje la actitud hostil de Washington. Sorprendentemente, hubo un artículo bastante decente en CBS News la semana pasada escrito por un ex oficial de inteligencia occidental con décadas de experiencia en Asia. Es el único artículo que he encontrado que explica con precisión lo que realmente está pasando más allá de la propaganda. Échale un vistazo:
"Antes de la investidura del Presidente Trump, Corea del Norte dejó claro que estaba preparado para darle al nuevo gobierno estadounidense tiempo para revisar la política y llegar a algo mejor que la del Presidente Obama. La única dificultad era que, si Estados Unidos precipitava sus ejercicios conjuntos anuales con Corea del Sur (especialmente si se acompañaba de más declaraciones de "decapitación" y más vuelos de bombarderos estratégicos sobre la península coreana), el Norte reaccionaría enérgicamente.
En resumen, Estados Unidos lo hizo, y el Norte reaccionó.
Los contactos entre bastidores subían y bajaban, pero no conseguían avanzar. En abril, el líder norcoreano Kim Jong Un mostró en desfile sus nuevos misiles como advertencia, sin ningún efecto. El régimen impulsó nuevos sistemas, uno tras otro. Sin embargo, el enfoque de Washington no cambió. "(Análisis: la visión de Pyongyang de la crisis entre Corea del Norte y Estados Unidos", CBS News)
Bien, ahora sabemos la verdad: el Norte les dio su mejor oportunidad al señalar directamente a la cabeza de la serpiente, sobre todo porque Washington no quiere negociar, prefiere forzar las armas (Rusia y China), endurecer el embargo y amenazar con la guerra. Esa es la solución de Trump. Aquí hay más del mismo género:
"El 4 de julio, después del primer lanzamiento exitoso de misiles balísticos intercontinentales de Corea del Norte (ICBM), Kim envió una señal pública de que Corea del Norte podría poner los programas nucleares y de misiles" sobre la mesa " si EE.UU. cambiaba su actitud.
Estados Unidos no lo hizo, por lo que Corea del Norte lanzó otro ICBM, deliberadamente, considerándolo una advertencia a los Estados Unidos de que debían ser tomados en serio. Aún así, más bombarderos B-1 volaron sobre la Península, y el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó nuevas sanciones." (CBS News)
Por lo tanto, el Norte estaba listo para negociar seriamente, pero Estados Unidos lo rechazó. Probablemente, Kim oyó sobre el pragmatismo negociador de Trump y pensó que podrían resolver algo. Pero no ha sucedido. Trump ha resultado ser un busto más grande que el de Obama, que es bastante malo. No sólo se niega a negociar, sino que también profiere amenazas belicosas casi todos los días. Esto no es lo que esperaba el Norte. Esperaban un líder "no intervencionista" que pudiera ser receptivo a una negociación.
La situación actual ha dejado a Kim sin opciones positivas. Él podía, o bien anular su programa de misiles por completo o aumentar la frecuencia de las pruebas en espera de allanar el camino de cara a las negociaciones. Kim eligió el último.
¿Hizo una mala elección?
Tal vez.
¿Es una elección racional?
Sí.
Corea del Norte está apostando a que sus programas de armas nucleares serán valiosas bazas en futuras negociaciones con los Estados Unidos. Corea del Norte no tiene planes de bombardear la costa oeste de los Estados Unidos. ¡Eso es ridículo! Eso no soluciona nada. Lo que quieren es preservar su régimen, obtener garantías de seguridad de Washington, levantar el embargo, normalizar las relaciones con el Sur, sacar a los Estados Unidos de los asuntos políticos de la península y (con suerte) poner fin a la irritante e interminablemente provocación que suponen 64 años de ocupación estadounidense . Yanqui, vete a casa. Por favor.
En pocas palabras: Corea del Norte está lista para negociar. Quiere negociaciones. Quiere terminar la guerra. Quiere dejar atrás esta pesadilla y seguir adelante con su vida. Pero Washington no lo dejará porque a Washington le gusta el estatus quo actual. Washington quiere ser una presencia permanente en Corea del Sur para poder envolver a Rusia y a China con sistemas de misiles letales y expandir su garra geopolítica, acercando al mundo al Armagedón nuclear.
Eso es lo que quiere Washington, y por eso la crisis en la península seguirá hirviendo.